lunes, 9 de abril de 2018

El arte del asesinato político ¿Quién mató al obispo?


El Obispo, luego de la presentación del informe de Recuperación de la Memoria Histórica, Guatemala Nunca Más -REMHI- y enunciar que ya se tenía el inventario de la barbarie contra la sociedad guatemalteca, expresó: <<Creo que necesitamos empezar a trabajar otro pequeño proyecto>>, un nuevo informe sobre los <<autores intelectuales>> de las atrocidades cometidas durante la guerra. Sin saberlo estaba profiriendo su propia sentencia de muerte.

Sólo transcurrieron 48 horas para que las “fuerzas oscuras” ejecutaran la acción y le asestaran el golpe mortal a monseñor Juan José Gerardi Conedera, en la iglesia de San Sebastián, en pleno centro de Guatemala, a tan sólo dos cuadras del lugar donde operaba el EMP (Estado Mayor Presidencial), encargado de custodiar la seguridad del Presidente -para ese entonces, 26 de abril de 1998, Álvaro Arzú Irigoyen-, una de las instituciones con más denuncias por violación de los DDHH en el marco del conflicto armado interno.

El libro que lleva el título de este artículo, escrito por Francisco Goldmand, es un texto de investigación para esclarecer los motivos y perpetradores de tan horrendo crimen que conmovió a la sociedad guatemalteca y a la de muchas partes del mundo, hace justo dos décadas. Asimismo conllevó a conocer mejor lo que había sucedido en Guatemala en tiempos de la guerra.

De la orgía de sangre que bañó a Guatemala –especialmente muertes- durante la guerra que duró 36 años, se estima según la Comisión de Esclarecimiento Histórico que el 93% fueron realizadas por las fuerzas armadas y  el 7% por la guerrilla, razón de sobra para que las miradas por el asesinato de monseñor se dirigieran a las elites de ese cuerpo policial. Pero el brazo ejecutor no es el único culpable: el mapa del genocidio coincide, con la ubicación actual de buena parte de las empresas multinacionales que explotan minerales en ese país.

Pasada toda esa tragedia en esa nación centroamericana, la institucionalidad pactó luego de los Acuerdos de Paz firmados en 1996, un silencio de 50 años para poder desclasificar información sensible a sus intereses, argumentando que la sociedad guatemalteca no estaba preparada para conocer todo lo que pasó en el conflicto. De esa forma el silencio garantizaba la impunidad y el olvido. Monseñor se quería adelantar y los responsables de los crímenes garantizaron que el silencio siguiera.

En realidad, quienes estuvieron involucrados por fuera de la legalidad desde las instituciones estatales, no querían que se conociera la verdad, porque verían seriamente afectados sus intereses económicos y políticos. Afortunadamente, las víctimas sobrevivientes a partir de procesos judiciales, han logrado desclasificar documentos y planes militares que han permitido conocer la política contrainsurgente y de genocidio que se implementó durante la guerra.

Sin embargo, la falta de voluntad política del Estado para la búsqueda de la verdad, la justicia y la recuperación de la memoria, contribuyó a abrir un nuevo estadio de violencia en ese país centroamericano, afectando nuevamente a la sociedad. Hoy Guatemala cabalga hacia el abismo institucional, está al borde de colapsar, encontrándose que la guerra no era el principal problema del país, sino los problemas estructurales, el racismo, la impunidad y la corrupción.

Ese capítulo de la historia de Guatemala parece estar reeditándose en Colombia. Todos los esfuerzos de los responsables de la tragedia colombiana parecen estar dirigidos a que haya un solo culpable que se eche a cuestas todo lo malo que ocurrió durante la violencia: ese actor social es la guerrilla.  Los principales responsables de la tragedia colombiana se han victimizado y con ello están borrando su participación y sus culpas. La jugada maestra es doble: se exoneran de culpa y señalan al nuevo culpable de todo. Total, quedan limpios y, además, hacen de jueces implacables que juegan el papel de redentores, con los dividendos políticos que se derivan de poder otorgar la salvación.

Ahora solo queda el paso siguiente, que puede ser similar al que se dio en Guatemala: borrar de la faz de la tierra a cualquiera que pueda poner en duda la verdad construida desde los arcontes del poder que dicen cual es la memoria y verdad, como almacenarlas e interpretarla, para luego ponerla a circular. Total el campo está abonado hay unos malos que deben ser castigados y de paso habrá una sola verdad: la verdad como hija legítima del poder.

El arte del asesinato político, guardada las proporciones, podría ser el equivalente del texto de Gabo: Crónica de una muerte anunciada. El pueblo sabía lo que iban a hacer los hermanos Vicario y no reaccionó. Es así como los principales responsables de la violencia en Colombia se frotan las manos, al ver que como van las cosas, hay una candidez inusitada por parte de la población y no se hará justicia por sus actuaciones, de tal manera que se preparan para otros 200 años más de corrupción.

A 70 años del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, 9 de abril de 1948:

¿Quién mató al negro Gaitán? 

El arte del asesinato político en Colombia.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Unidad para el cambio o no hay cambio


Marcha Carnaval. Ibagué, junio 2017

Sí buscas resultados distintos,
no hagas siempre lo mismo
Albert Einstein

Colombia está cambiando. En todos los rincones del país se respira un aire renovador que pese a que las angustias económicas de las familias se incrementan, se guarda la esperanza que genera esa nueva oportunidad de cambio por los senderos de la democracia y la paz.

Más claro el agua sobre lo que ha pasado y pasa en Colombia: la clase dirigente más rancia y corrupta de Latinoamérica, se ha anquilosado en toda la estructura estatal, de tal manera que es casi imposible cambiarles. Hay quienes quieren desviar la atención al señalar, por ejemplo, que los problemas vienen de sectores que no ceden sus tierras a proyectos mineros o de aquellos que se alzaron en armas para reclamar derechos. En realidad ya se sabe que los principales males endémicos del país están en la corrupción, siendo la causa de que crezcan los cinturones de miseria. 

Muchas personas que lideran partidos y movimientos alternativos, progresistas, de izquierda, en sus discursos plantean la necesidad de cambio, sin embargo en la práctica continúan haciendo lo mismo. A veces pareciera que están al servicio de la clase dominante del país, al obstaculizar la llegada de otras personas a esos espacios de poder y decisión para que se transforme y florezca la nación.

Es así como las prácticas históricas de los partidos y movimientos políticos -de la procedencia que sea- no cambian y elección tras elección, todo sigue igual.

Los de centro hasta la esquina más de derecha, mantienen sus discursos y prácticas de campaña como la llamada TLC (Tamal, Licor y Cemento), un hábito que les lleva a perpetuarse en el manejo de los recursos públicos a su antojo.

Y los de centro hasta la esquina más de izquierda, no tienen la capacidad de motivar y aglutinar el descontento de gentes de todos los estratos y rincones de Colombia. Por ejemplo, contarles a la gente de a pie que un-a congresista gana 1 millón de pesos diarios, cuando el salario mínimo mensual es de 781.242 pesos

Señores y señoras del arco Centro-Izquierda, hay que pasar de posiciones políticas egoístas y mezquinas, a ver las necesidades e intereses de las grandes mayorías de Colombia, para emprender ahora el cambio democrático y pacífico, sino también serán responsables de la tragedia humana que crece en el país con la inequidad y la marginalidad.

Colombia tiene hoy una gran oportunidad de cambio, así que hay que unir fuerzas para que el parlamento tenga una real renovación y luego ir por las presidenciales. En ese escenario, la política regional será la encargada de hacer la renovación, porque los centros del país no tienen ningún interés, están cómodos en los escritorios capitalinos que les eternizan gracias a su estrategia de discursos y prácticas demagógicas.

No queda otro camino y, es dar la oportunidad a quienes apelan a un discurso de esperanza, que sus hojas de vida no tienen tacha pública, que no tienen “rabo de paja”, en definitiva que no han tenido la oportunidad de llegar a los espacios de responsabilidad y decisión.

Esos rincones de Colombia, que están en la Orinoquia, los Andes, el Caribe, el Pacífico y la Amazonia, están citados a las urnas el 11M-2018, como único reducto de la democracia participativa que ha dejado la tradicional clase dirigente, para que expresen su descontento, votando por las opciones de cambio en cada uno de esos lugares.

Allí, quienes se encuentran en ese arco de la política del centro-izquierda -que no han tenido nada que ver con la corrupción- pueden hacer un acto de contrición y si realmente no están con quienes han ostentado el poder y quieren una transformación del país con justicia social, que lo ponga en el siglo XXI, es imprescindible que realicen alianzas o pactos transparentes que responda a la Colombia nacional y no a la Colombia política, para que llegue gente con la firmeza de hacer bien las cosas y a favor de todas las personas que aquí vivimos.

O cambiamos o nos sumergimos más en la miseria humana a la que siempre apuesta la clase política tradicional colombiana. 

martes, 30 de enero de 2018

La paz con los pies en la tierra


“liberales y godos… (y otros partidos/movimientos políticos)
 Total piensan igual,  gobiernan igual, roban igual”
Jaime Garzón

 La Caminante – Emiro Garzón

Como dice el estribillo de la canción la vamos a tumbar… parece ser la consigna de algunos sectores que tiene en la mira de sus catalejos a la paz.

Independientemente de quien sea la persona candidata que represente las banderas del arco centro-derecho radical, tendrá entre sus propósitos de gobierno tumbar el Acuerdo de Paz del Gobierno Nacional con las FARC-EP, hacerlo trizas, porque lo que nada nos cuesta, volvámoslo fiesta

La paz se consolida en las calles, de a pie, por los sectores que han sufrido la violencia, no solamente del conflicto, sino del sistema económico y social, esa gente está en las ciudades, en los poblados, en la ruralidad y son la mayoría, quienes no son integrados al sistema, sino abortados por él, se les tira a cualquier recipiente para no asumir su responsabilidad.

Serán los ciudadanos y ciudadanas de a pie y en las calles quienes defenderemos la paz que se ha ido construyendo, no solamente porque abre las mejores posibilidades de construir un país incluyente en la historia reciente de Colombia, sino porque esa poca paz que se ha tenido, ha dejado ver las reales raíces del conflicto, la corrupción y las miserias éticas que han pasado por todos los tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.

No tengo Santo“s” de devoción. Su principal apuesta, la paz, no es desinteresada, pero hay que acogerla con la voluntad del aristócrata que quiere dejar un legado a “su pueblo”, el cual debe ser aprovechado para realizar las acciones democráticas que muevan los cimientos de esa estructura institucional anquilosada, obsoleta, antidemocrática y con los peores vicios de la corrupción que uno se pueda imaginar.

La paz sin apellidos, está caminando por la mayor parte del territorio nacional, por montes y veredas, con desigualdades sociales, pero con la certeza que se tiene “una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra”. Así que cada uno, cada una, tenemos un compromiso en las urnas para propiciar cambios pacíficos.

No se requieren caudillos iluminados que con discursos algo renovados, pero con prácticas administrativas repetidas del pasado, continúen en el poder, tenemos la oportunidad de una transformación social por vías democráticas, no falto de violencias como las que estamos viendo en directo, hoy gracias a las TIC, pero que no distan mucho de como fueron en el pasado, sólo que allá no se contaba con los medios de comunicación alternativos en línea.

Hay unos herederos de la corrupción histórica en Colombia, ellos, ellas, comprendieron que “El Dorado”, está en lo público, por esa razón han copado todos sus espacios y los defienden con todas las formas de violencias.

Así que cambiamos a la clase dirigente corrupta que se ha eternizado en la política nacional y regional de Colombia o seremos cómplices, porque ya sabemos quienes son y a que vienen.   

Posdata: Un día Escolar de la No-violencia y la Paz como hoy, 30 de enero, hace cinco años, regresé al país, después de vivir por 14 años en el País Vasco, porque quería vivir los cambios que se avizoraban en el país de manera directa. A mi madre se le empezaba a agudizar el alzhéimer -hoy ya no recuerda mi nombre-, me dijo unos días antes: mijo dígale a Johan (uno de sus nietos), cuando llega que a mi se me olvida todo. Así que contémosle a las nuevas generaciones lo que ha pasado y pasa en Colombia, no sea que un alzhéimer colectivo nos lleve a olvidar...

viernes, 24 de noviembre de 2017

Relatar el conflicto desde las otras Colombia´s


Hasta hace unas décadas más del cincuenta por ciento de Colombia era denominado “Territorios Nacionales”, una forma despectiva y encubierta de decir que había una nación “civilizada” y otra “salvaje”.

Ese relato construido desde la mal llamada “conquista”, se enquistó en los tuétanos de una clase dirigente que siglos después siguió considerando cierta esa tesis, para así elevar sus beneficios aprovechándose de un territorio-alacena de recursos naturales.

En 1991 un ejercicio democrático esperanzador pinceló el inicio de esa década con la creación de una nueva Constitución. Se planteó la descentralización como mecanismo para equilibrar las posibilidades de desarrollo y reconocimiento de la periferia colombiana, sin embargo, en la práctica el centralismo continuó desconociendo esas voces que reclamaban ser escuchadas, conllevando a la profundización del conflicto armado con nefastas consecuencias para la mayor parte de la población, eso sí con réditos para quienes se beneficiaban de la economía de la guerra.

Luego de varios años de negociación entre la principal guerrilla y el gobierno nacional se plantea entre otras cosas construir una nueva narrativa, esbozada a través de la “Paz Territorial”, donde cada espacio cuente su propio relato, para ser conocido y reconocido en la práctica equitativa y solidaria que debe tener una nación y evitar la fuerza como mecanismo de dignificación de la vida.

El “rey ha quedado desnudo”, el traje que por décadas uso para encubrir sus actuaciones fraudulentas se transparentó, ya no hay un conflicto armado al cual endosar los males. Ya todo el pueblo sabe que la principal causa está en la histórica corrupción institucional, que como un nuevo Dorado, es la fuente para eternizar riquezas de las mismas elites económicas y políticas del país.

Así que es hora de relatar los conflictos vividos por sus protagonistas, para comprender mejor la dimensión de la tragedia a partir de la reflexión y la acción transformadora que reconozca la polifonía de voces de la nación colombiana.

Un año después de la X y última Conferencia de las FARC-EP, publiqué la memoria Diario de campamento (ver link), en la cual narro hechos que ocurrieron en septiembre del 2016, cuando se sello por parte de esa insurgencia su compromiso de dejar las armas y tomar como única herramienta para alcanzar las transformaciones sociales el camino de la política.

Hoy 24 de noviembre se cumple un año de la firma del Acuerdo de Paz firmado entre el Gobierno Nacional y la entonces guerrilla FARC-EP, con avances e incertidumbres, eso sí con la esperanza de alcanzar transformaciones sociales, económicas, culturales y políticas a partir del desmonte de la corrupción y del respeto por las otras Colombia´s.

Señoras y señores centralistas, los Territorios Nacionales ya no existen.  O nos construimos como una sola nación o nos podemos abocar hacia una especie de “balcanización”.

http://editorialabiertafaia.com/pifilojs/index.php/FAIA/article/view/115

martes, 27 de junio de 2017

Desarmar las manos para armar el argumento


Misiles por misivas de paz
Desarmar las manos para armar el argumento
Desde mi consciencia colombiana, 27 de junio de 2017

El largo alcance de los misiles, nunca alcanzará el eco de las voces, de las misivas que claman una vida digna en democracia y paz.

Misiva I
A mi familia

Querida familia, confieso que nunca creí ver este día, sin embargo, no hay meta que no se alcance cuando la persistencia y la esperanza están presente.

Se ha trazado en el horizonte, un camino que nos abre sus fronteras, para el reencuentro con nosotras y nosotros mismos y con la gente que se había ido a luchar por unos ideales.

Quizás la principal musa de toda persona es la familia. Por eso quiero que sepan que siempre han estado en mis sueños amorosos, siendo una de las principales motivaciones para trabajar por la paz y la dignidad.

Misiva II
Al Estado colombiano

La institucionalidad de nuestras Colombia nunca ha estado a la altura de la historia. Siempre ha sido sobrepasada por intereses mezquinos de una u otra índole.

Después de las largas y trágicas noches, es momento que asuma su responsabilidad con la grandeza que tiene el país. Una nación de enormes regiones diversas, de riquezas humanas y naturales.  

No más corrupción. Seguro que con ese principio de actuación podremos tener la base para la democracia y la paz que hemos soñado. Hay muchos referentes cercanos y lejanos que nos dicen que sí es posible.

Está empeñada la palabra de un Estado en cabeza del Gobierno, se deberá honrar su compromiso y poner todos su empeño para respaldar no solamente el Acuerdo de Paz firmado, sino para pactar el cierre definitivo de la violencia por los caminos de la paz por medios pacíficos.

Misiva III
A las FARC-EP

Farianas y farianos, han viajado por tantos senderos de luchas, llenos de tensiones y peligros, luego de varias décadas han encontrado el camino de retorno a la sociedad. La hostilidad estará presente en algunos sectores de la sociedad colombiana que parece que añoran la violencia. Pero en ese terreno ustedes sabrán encarar con la altura pacífica los retos.

El proyecto que se trazaron en las montañas del país, con altruismo, no falto de egolatrías, ha servido para contribuir al conocimiento de una Colombia olvidada, borrosa, negada y falta de oportunidades. Afortunadamente, también una Colombia con hombres y mujeres que mayoritariamente quieren un país incluyente, donde se reconozca la diversidad y que hacen saber que las regiones existen, llamando la atención mediante la protesta democrática para que sea atendida con la altura de miras de un Estado moderno.

Hicieron falta 53 años y un mes para poder bajar de las montañas de Colombia a las llanuras del oriente y ser escuchadas sus demandas de dignidad. Hoy enseñan su grandeza con la dejación de armas, pero con toda seguridad será más con la contribución que harán a la democracia y la paz colombiana.

 Misiva IV
A la sociedad civil

Es complejo comprender hechos históricos de la violencia, más cuando se tienen limitaciones y manipulaciones en las fuentes de información Sin embargo, si observamos con detenimiento nuestro alrededor, encontraremos muchas razones para la rebeldía, otra cosa es la forma, es por ello que debemos ser garantes para que en Colombia nunca más se justifique una acción armada para alcanzar la justicia social.

Gente que estaba en armas regresa o recién llega al seno de la sociedad colombiana. Necesitan un lugar bajo el sol, donde puedan proyectar sus sueños, sus vidas. Es por ello que es necesario que abramos los brazos de la fraternidad, como cuando un hijo o hija ha estado de viaje y retorna a casa; se le abren las puertas para que sienta el calor del hogar y sienta la alegría de vivir en sociedad.

Entre todos-as podremos hacer la diferencia, entre un país con una guerra y un país sin ella. Porque la grandeza humana así nos lo reclama.

Misiva V
A la comunidad internacional

Es indudable el fundamental papel que juegan para ayudar a buscar salidas a los conflictos armados en el mundo y en Colombia. En este país no necesitamos obras de infraestructura de parte de la comunidad internacional, sí el Estado colombiano le cumple a su pueblo, especialmente en no corromperse.

Quizás donde tenemos un alto saldo en rojo todavía, es el trámite democrático y pacífico de los conflictos. Es por ello que es necesario el acompañamiento de la Comunidad Internacional en el día a día, para ayudar a evitar hechos de barbarie, de vulneración de los Derechos Humanos. Por otra parte para ayudar a generar confianzas perdidas por el conflicto, dinámicas derruidas por la corrupción y, finalmente, contribuir a proteger a las personas y procesos, para que no sean truncados de forma violenta.

Misiva VI
Adiós a la guerra

Siempre me he preguntado quién va a la guerra y quién regresa de ella…

La primera parte la fui comprendiendo con el paso de los años, al conocer a algunos hombres y mujeres altruistas que se fueron a ella por diversas razones.

Hoy empiezo a conocer quien regresa de la guerra: hombres y mujeres soñadoras que quieren trabajar por una Colombia digna, democrática y en paz. Comprometidos y comprometidas con un país solidario.

Este epilogo a la guerra me deja el sin sabor de la cantidad de vidas que se pudieron ahorrar, pero ya es tarde, ahora sólo queda fundir las armas, para que no se vuelvan a usar.

Misiva VII
Bienvenida la paz

Me imagino que estabas cansada de deambular por los valles y montañas de Colombia, de todos los rincones te correteaban, tu traje tendrá las secuelas de la violencia de ese país que va quedando atrás. Tu persistencia por llegar a la meta de la paz fue más grande que todo el acoso sufrido. Paz, hoy puedes lucir tu traje blanco recién lavado.

Gracias Paz, porque aunque esquiva en muchos momentos, has persistido hasta conquistar tu anhelo de abrir escenarios para conversar. Has logrado desarmar manos para poder armar el argumento, donde las misivas de paz prevalecerán.

Misiva VIII
A mi consciencia

He mirado desde atalayas y llanuras el mundo, pero siempre ha sido mi consciencia el lugar desde donde mejor puedo observar en los momentos de alteración y de sosiego para el camino encontrar.

Siempre estaré al lado de las víctimas. A ellas todo el respeto y atención, para que tramiten su duelo y continúen sus existencia con la esperanza de que otra vida es posible.

Estoy feliz, porque se sienta un importante eslabón para la democracia, las microdemocracias, que estarán en efervescencia en todos los rincones del país. Esas manos de gente del común, unas que se armaron un día y otras muchas que nunca lo hicieron para luchar por un país con justicia social, todas ellas hilando el argumento para tejer la PAZ.

Nunca más una guerra.
Siempre la paz.
Aquí está mi mano para sumar.

lunes, 29 de mayo de 2017

Gernika, memoria de reconciliación


A 80 años del lunes aciago del bombardeo, 26 de abril de 1937.

Por: Fernando Cruz Artunduaga – Universidad del Tolima
Aníbal Quiroga Tovar – Universidad de la Amazonia


Luis Iriondo

Las tropas del dictador Franco, después del bombardeo, silenciaron con la propaganda el hecho vergonzoso, que finalmente fue develado por la prensa libre. El corresponsal de guerra británico, Georg Steer informó al mundo que Gernika había sido atacada con bombas rompedoras e incendiarias por la Legión Cóndor y, que, cuando la gente huía del incendio producido en sus hogares, en medio del dolor y la desesperación, era ametrallada desde el aire por los pilotos italianos de la Legión. El acto de terror quiso ser justificado, por el régimen falangista, mintiendo que el pueblo había sido incendiado por los “rojos vascos”.

Los sobrevivientes del ataque aleve, tras años de silencio, narraron los hechos. Luis Iriondo de 94 años, camina por el sitio de la tragedia, mira el presente y vuelve a pasar por su corazón apretado, los momentos amargos. Entonces, sale la palabra certera que como una espada rompe de un tajo el silencio y pone a desfilar en la cadena sonora de su voz, las imágenes  dantescas del horrendo crimen.

La gente de Gernika reconoció la información oportuna que develó ante los ojos del mundo la tragedia que hacía sonar la alerta temprana contra la amenaza que pendía, como una espada de Damocles, sobre Europa y el resto de humanidad. Empezaban a doblar las campanas en un duelo por todos, que cerraría el ciclo de la guerra con otro bombardeo criminal: Hiroshima y Nagasaki.

La estatua de Georg Steer sobre una acera del pueblo es un texto que significa lo inefable. Adelante, la replica en cerámica del cuadro “El Guernica” de Picasso sobre un muro del pueblo parece gritar, !Nunca Más!

Georg Steer Jr.

En el cementerio, los muertos de Gernika siguen doliendo al mundo, porque no fue un ataque contra unos individuos con nombres y apellidos vascos, vecinos de un lugar, sino que fue un ataque contra la vida de la especie.

Gernika parece existir para alertar los peligros contra la vida: allí se premian los esfuerzos mundiales en favor de la paz y la reconciliación entre los seres humanos. Se abren espacios académicos para la reflexión. Las plazas y lugares públicos se acondicionaron para la conmemoración de los 80 años del bombardeo. Aparecen fotos del proceso de paz en Colombia en la plaza principal; se presentan obras de teatro sobre el hecho y las personas refugiadas quienes proceden de los Nuevos Gernikas. Se hace un performance con velas, como luces de esperanza que, sin embargo, son llamas al viento en estos días en que vuelven a doblar las campanas por todos, ante la posibilidad de un nuevo cataclismo nuclear.

La palabra circula articulada especialmente entre el castellano y el euskera de los montañeses vascos, entrecruzándose con otras lenguas visitantes. Se habla de la resistencia ante la muerte y se trata no de lamentar, sino de prevenir. Todos: visitantes y propios; periodistas y curiosos tienen tejidos de sentido para lo ocurrido allí y para conjurar los avances de la muerte.  Recuerdo no es venganza, esa diosa perversa solo sonríe sobre el cadáver. Lo que prevalece entre los sobrevivientes y sus descendientes es el significado de la afirmación de la vida y la comunicación que reconcilia.

También ascendientes de los perpetradores se han sumado al duelo por el dolor causado por sus familiares a las víctimas inocentes. No cometieron el crimen, pero asumen por razones del ejercicio de la libertad, la responsabilidad de la culpa y tratan de reparar y de repararse, por eso lo narran, no para justificarlo con la “banalidad del mal”, porque esto no minimiza la crueldad de los efectos, sino como una forma de autorreflexión de quienes se atreven a pensar el significado del crimen sobre el proyecto humano.

Las narrativas de los hechos y las del reencuentro son asumidas cada vez más por los “ilobak” (nietos y nietas) de quienes sobrevivieron, para que no se olvide y se proyecte en el presente de la memoria para liberar el futuro de las tentaciones criminales. Una forma de conjurar el olvido es la memoria. La memoria vitaliza la esperanza de una existencia pacífica.

María Oyanguren, Directora del Centro de Investigación por la Paz Gernika Gogoratuz, hace un certero juego de palabras para significar el recorrido de la historia en la experiencia vivida: Gernika evoca, convoca y provoca. Pensamiento, palabra y obra. Tres dimensiones inseparables. Después de la ofensa contra la vida, si hay arrepentimiento, es necesario que se asuma con toda franqueza la palabra y la acción de reparación. Esta fórmula puede abrir el sendero para que el futuro sea el encuentro respetuoso con la palabra amistosa y la fraternidad humana.

En Gernika, la población, sus espacios, sus caminos y los cuerpos de sus gentes, pese a haber tenido la mordaza del poder arbitrario, han asumido la actitud generosa de la construcción de un horizonte de reconciliación.

http://www.elnuevodia.com.co/nuevodia/sociales/cultural/317963-gernika-memoria-de-reconciliacion  


sábado, 25 de marzo de 2017

Declaración de amor y más en Charco Azul


Florencia - Caquetá, Amazonia colombiana
13 de marzo de 2017


Preámbulo a mis 20 o 30 años…

Hoy quiero Declarar muchos amores y sueños, teniendo como testigo las generosas y cristalinas aguas de la quebrada la Yuca a la altura de Charco Azul:

Mi padre como viejo sabio engañaba la pobreza, quizás por eso entendió que el río y los paseos de olla a comer sancocho de gallina eran la mejor forma de diversión y alegrar el amplio hogar de manera económica. De paso a todos los gavilanes que merodeaban la casa tras las muchachas, les venía muy bien, para estar compartiendo con ellas, sin que mi madre les atinara un fruncido de ceja.

El espacio del río y los paseos me dejaron desde entonces, tal sensación corporal que nunca he podido separarme de ella. Sin ser consciente empece a comprender desde la práctica que era ser amazónico: Conectarse y respetar todo el entorno; sus culturas aborígenes, la fauna, la naturaleza y tener un gran aprecio al agua.

Hoy siento que ni padre, ni mis sueños de niño, se equivocaron. Estos lugares, estos paisajes, estos aromas, estos sabores, estos colores amazónicos están y estarán siempre aquí, en la memoria de todo mi cuerpo.

La música la gran compañera de parrandas, dichas y desdichas, es quizás la mejor medicina para superar cualquier tragedia y para acompañar todas las alegrías. Me considero el peor cantante, eso si, un romántico viajero, que va por el mundo admirando cada cultura y cada trozo de tierra que ha podido ver, llevándome a una conclusión, no exenta de crítica:

¡Lo más bonito no existe!

Pues seria pobre de mirada, si creo que un sitio o el otro es el más bonito, todos tienen su belleza.

Mi corazón nostálgico está impregnado de memorias, que como me enseñó una tribu africana, el pasado no está atrás, sino frente a uno. Con él viajamos y como una brújula nos orienta en el infinito de voces y paisajes que constantemente podemos percibir con nuestros sentidos y los sentidos de los otros.

A José Eugenio y a María Engracia, eterna gratitud por haber sido los dadores de mi vida y de los valores que me han servido para andar por el mundo. Asimismo, a mis hermanos-as: Jesús María (q.e.p.d.), Esneida, Alcides, María Doris, Elizabeth, José Manuel y Martha y, por extensión a toda mi familia Cruz Artunduaga, quienes han estado siempre allí respaldando mis sueños.

A mi familia política, Cuéllar Ibáñez, encabezada por doña Carmén, ¡Gracias!, porque han sido un punto de apoyo invaluable desde que hago parte de ella.

A Aníbal Quiroga Tovar, quien ha sido mi principal profesor y amigo, que como un padre me ha ayudado a abrir caminos de conocimientos para formarme para la mejor profesión: profesor universitario. ¡Gracias!

A mis amigos-as que están allá en el País Vasco, así como en otras partes del mundo y aquí en Colombia. ¡Gracias!

Y por supuesto, aquí, todas mis palabras de amor y de gratitud, para mi eMé, Emérita, sin ella seguramente no estaría por estos lados. Hemos soñado tantas cosas desde el momento que decidimos unir nuestras vidas, espero sigamos caminando juntos y felices hasta cuando la vida se nos exfume.

Hoy me considero una persona afortunada. He logrado los propósitos trazados. Tranquilo, no falto de alteraciones. He cumplido conmigo mismo, con mi familia, con mis amigos-as y con la sociedad. Actúo o al menos trato de actuar de manera justa, respetando la integridad de las otras personas, y proyecto aunque no lo logre del todo, parafraseando a Gabo, hacer las cosas para que me quieran más.

Este preámbulo es el anuncio de que tengo más o menos de 20 a 30 años. Ustedes se preguntarán, pero como así, Fertxo nos engañó, porque nos invito a sus 15+18+17 años. Efectivamente, les invite para anunciarles en realidad que tengo más o menos de 20 a 30 años, veinte o treinta años de expectativa de vida, porque los 50 años que hoy cumplo ya no los tengo, esos ya se fueron, ya se quemaron, ya no son.

Soy de 1967, año de muchos sucesos. Quiero traer dos a colación, el nacimiento de Cien Años de Soledad y la muerte del Che Guevara. Así como la vida misma, todo tiene su alba y su ocaso.

Deseo hacer un breve homenaje a Marujita, mi madre, quien mantiene recordando algunos trozos de dichos, canciones y frases. Pese a su avanzado alzheimer, los expresa con seguridad y emoción.

He elaborado un “cancionero” con 50 melodías.  No son todas las que son, pero si son muchas de las que más me gustan. Se quedaron en el tintero una larga lista, pero bueno, la vida es así, nunca todo está dicho, ni acabado. Es un homenaje a mucha gente y tierras que están en mi memoria y que siempre me traen buenos recuerdos, porque los malos los conjuro oportunamente.

Hoy me prometo y me comprometo conmigo mismo a usar mejor el tiempo en la felicidad, en divertirme más con cada uno de ustedes y con muchos que no están aquí. También con quienes lleguen a mi vida, porque en últimas hay que gozarla. Eso sí, el compromiso del proyecto humano de la vida digna, estará vigente, siempre y por siempre.

Un fraterno abrazo de un amazónico, Fertxo el kaketindio.